1-. Introducción
Evidente son los cambios globales que se están produciendo en la tierra, sin lugar a dudas muchos de los cambios que enfrentamos hoy se deben a la falta de conciencia por parte de la sociedad, pero en gran medida también a los modelos económicos que hoy nos rigen, siendo estos promotores de un estilo de vida inconciente e injusto.
La problemática ambiental de hoy parece ser casi irrelevante para gran parte de las comunidades y de quienes ven el desarrollo económico como la única fuente de alcanzar el bien preciado crecimiento y el tan anhelado progreso.
Estas ansias de crecimiento y progreso están totalmente desalineadas con el cuidado del medio ambiente y el bien llamado progreso se transforma en progreso casi suicida (Arnold y Urquiza 2010), y esto cada día afecta más nuestra sociedad no importando las maneras de alcanzar el desarrollo. Pero de alguna manera la sociedad esta reaccionando, quizás no como se espera, pero los hechos que se están registrando como el cambio climático solo por mencionar uno, hacen evidente que al ritmo que llevamos, nuestros recursos naturales se agotan, aumentan las alteraciones climáticas, se extinguen las especies y todo lo anterior no hace mas que manifestar que el desarrollo que se nos ha enseñado no es tal y que este no es el camino para el anhelado bienestar, sino solo una forma de autodestrucción.
La problemática ambiental existe, es evidente y solo será conocida en la medida que el problema pase de ser evidente a expuesto (divulgado), es decir que es necesario que el problema pase a ser conocido para que se reconozca como tal (Arnold y Urquiza 2010).
Como indica Enrique Leff (ciencias sociales y formación ambiental) es necesario internalizar en la comunidad o la sociedad un “saber ambiental” el cual permitirá la construcción de una “racionalidad ambiental”, entendiendo que a la suma del desarrollo tecnológico, la mejora de los procesos productivos y transformación social, debe ser relevante una transformación individual desde el puntos de vista ético y moral.
El presente ensayo tiene como fin exponer y aportar a la resolución de las problemáticas ambientales desde un punto de vista ético y moral, teniendo como fundamento la teología Cristiana – protestante y la forma de cómo ella concibe el valor de la tierra.
2-. Desarrollo
2.1-. Ética y Moral
La ética es la rama de la filosofía que estudia que es lo moral, como se avala un sistema moral y como se aplica este en la vida cotidiana. La ética no solo abarca lo moral, sino también otros valores fundamentales como la virtud y el sentido del deber.
La ética y la moral que se planteará es una comprensión de lo que es bueno o es malo, presentado bajo un fundamento teológico bíblico, el cual plantea una desconocida teología ambiental, que podría incluso convertirse en una doctrina auxiliar, ya que la biblia presenta principios y posiciones concretas con respecto a la administración de la tierra.
Desde el punto de vista bíblico el primer trabajo encomendado al hombre fue de administrar la tierra o la creación, lo vemos en génesis 1:28. La palabra administración proviene del concepto mayordomía, que proviene del hebreo “sar”, que tiene como significado, “aquel que está a la cabeza”. Del griego “oikinomos”, que quiere decir dispensador o administrador, y del latín “mayor” que quiere decir superior y “domus” (casa), todos los conceptos tienen un significado de una posición de liderazgo, es decir administrar los bienes que le son confiados.
En Génesis 1:28
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
La palabra sojuzgadla proviene del hebreo “kabash, lo que significa apoyarse y dominar, pero no en el sentido muchas veces confundido de sometimiento, de un usufructo casi desconsiderado e irracional, sino proviene del simple hecho de habitar como un derecho concedido de manera divina.
Es necesario señalar la ignorancia e interpretación deficiente del contexto de este versículo de génesis, debido a que muchas partes de la sociedad secular solo se han quedado con la frase “llenad la tierra, y sojuzgadla”, internalizando un concepto casi bárbaro de obtener beneficios sin mirar las consecuencias.
En génesis 1:19-20
Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo
En estos versículos vemos la segunda misión encomendada al hombre, como buen administrador debe conocer lo que administra, por eso Dios le dice que debe nombrar a cada animal y a toda especie que habita en la tierra.
El valor otorgado a la tierra parte de la concepción de que Dios es el creador de todo lo hay y por ende la devoción a Dios es una manifestación del amor por su creación.
La moral cobra un valor fundamental, ya que es un conjunto de creencias, normas y valores que tiene una persona o grupo social, que sin lugar a duda determina las formas de su conducta aportando aspectos valóricos que tienen que ver con comprender que es lo correcto y lo incorrecto.
En el caso del concepto que se plantea aquí, es como desde el punto de vista teológico bíblico (Cristiano-protestante), se puede plantear una teología ambiental, basadas en conjunto de creencias basadas en la Fe y la razón y como estos valores y formas de conducta colaboran en la resolución de las problemáticas ambientales.
Si bien el pensamiento ambiental ha elaborado un conjunto de de principios morales y conceptuales que sostienen una teoría alternativa del desarrollo (Enrique Leff, ciencias sociales y formación medio ambiental), no se distancia de un pensamiento concebido y publicado hace 2000 años atrás en la Biblia.
Esta propuesta llamada teología ambiental, tal vez en la forma no es igual a la propuesta por pensamiento secular, pero sin lugar dudas en el fondo ambas presentan la problemática ambiental como un hecho evidente y que necesitan ser resueltos ya sean estos ecológicos, climáticos, sociales, sin dudas ocasionados por una inconciencia del hombre y sus practicas, su visión de concebir la tierra, y la distorsión de concepto progreso.
Varios son los autores que han recalcado la ausencia o la poca participación de las ciencias sociales en la intervención en la problemática ambiental y se debe señalar que la religión protestante tampoco ha sido un foco de protesta o denuncia importante a la realidad ambiental de hoy, existiendo una abundante fuente de argumentos bíblicos que respaldan el deber olvidado de la comunidad cristiana frente a estas amenazas ambientales. Aunque es necesario señalar que esta comunidad también se ve afectado por lo planteado por Arnold y Urquiza (las amenazas ambientales: una visión desde la teoría sociopoietica) donde indica que los problemas ambientales no comunicados o incomunicables no existen socialmente, es decir que solo hasta cuando son expuestos o comunicados son considerados un peligro.
De acuerdo a lo anterior, si la sociedad en su conjunto guarda silencio frente a las amenazas ambientales, es el ser individual y su sentido del deber o también llamarlo la obligación moral debe ser de impulso para un mover critico y denunciante de los acontecimientos de hoy.
Esta obligación moral o sentido del deber son conceptos que el trasfondo protestante de alguna manera tiene más arraigado, debido al deseo de cumplir y obedecer los principios de Dios que son pilares fundamentales de la Fe, esto sumado a la razón y comprensión de estos principios, desarrollan paradigmas que van incluso por sobre la voluntad individual, pero que no merman la libertad de escoger y ejecutar. Es aquí donde la virtud como expresión de llevar a cabo o tomar las decisiones correctas en situaciones difíciles es fundamental para captar la necesidad de urgencia y colaborar en la resolución de las problemáticas ambientales, en las distintas posiciones que se encuentren los individuos, ya sean estas laborales o sociales.
2.2-. Teología Ambiental
La teología proviene de la palabra “theos” Dios y “logos” que significa una expresión racional de la Fe religiosa.
Según el teólogo de la universidad de Edimburgo, Escocia Dr. Charles Ryrie (1925), la teología presenta tres conceptos generales:
(1) la teología es inteligible, es decir se puede comprender con la mente de una manera racional.
(2) La teología requiere explicación, esto a su vez abarca la exegesis o extraer el significado de un texto y la sistematización que es la elaboración de un conocimiento de una experiencia dada.
(3) La teología cristiana tiene su fuente en la Biblia.
En resumen la teología es el descubrimiento, la sistematización y la presentación de las verdades de Dios.
La definición del concepto de Teología ambiental, son las verdades de Dios acerca del medio ambiente.
la problemática ambiental planteada por las ciencias exactas (Enrique Leff) debe ser un motor para que los movimientos protestantes planten estas inquietudes a una sociedad medianamente interesada en dichas problemáticas, teniendo como base sus convicciones éticas y morales.
A raíz de lo anterior cual es el fundamento para dicha teología, en que se basa la religión cristina – protestante y su relación con el medio ambiente y cuales son principios que le rigen:
A. Amar a Dios
B. Amar al prójimo
C. La tierra como creación
A-. Amar a Dios.
Mateo 22:37-38
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este el primer y gran mandamiento”
En el antiguo testamento Dios establece los 10 mandamientos, los cuales en el nuevo testamento lo reduce a dos, donde uno de ellos es amar a Dios.
Este es el primer y más relevante mandamiento para la Fe cristiana – protestante esto porque Dios es el centro y origen de todo.
Este sentimiento y acción de amar a Dios rechaza la indolencia, capacidad de conmoverse o sentirse afectado por alguna situación, básicamente no concibe la indiferencia.
Este principio es esencial para la Fe cristiana- protestante y es base para la construcción de un racionamiento ambiental como social. Ya que el amar a Dios por sobre todo, genera una cosmovisión que no es indiferente a la mala utilización de los recursos naturales y no es indolente a la injusticia social.
B-. Amar a tu prójimo como a ti mismo.
Mateo 22:39
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Este es el segundo mandamiento del nuevo testamento, que es parte de la síntesis hecha a los 10 mandamientos del antiguo testamento, el cual quiere decir, así como nosotros nos cuidamos, protegemos y amamos eso mismo debe trascender hacia cualquier ser humano.
Este principio es fundamental para entender y confrontar las bases de la globalización que buscan obtener resultado económicos sin importar lo que sucede a nuestro entorno y a quienes afectamos con nuestras prácticas.
Efectos producidos por practicas productivas deficientes e inconcientes inducidos por modelos económicos egoístas e injustos desencadenaron fenómenos negativos para la humanidad como el cambio climático, debilitamiento de la capa de ozono, la contaminación de las aguas y atmosfera, aumentos en los volúmenes de basura, etc. Incidiendo y transformando la naturaleza y los ciclos regulares, vale decir que la misma actividad humana pone en peligro la humanidad es lo que (Beck 1991) llama “el efecto bumerang”.
Este principio colabora una vez más para la construcción de una racionalidad más bien social, entendiendo que como me amo, no un amor egocéntrico, deseo lo mejor por lo tanto para mi prójimo, quien también es merecedor de lo mismo.
C-. La Tierra como creación.
En Romanos 1: 20
Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
La fe cristiana – protestante concibe la tierra como un territorio original y único, es un regalo de Dios para la humanidad. Un territorio donde existen múltiples relaciones como Dios-Hombre, Hombre–Naturaleza, etc.
Un territorio marcado por experiencias e historia, el valor transmitido es simplemente por las experiencias vividas y el conocimiento de Dios, quienes fortalecen el sentido de pertenencia.
La fe Cristiana – Protestante realza el sentido de sociabilidad, la apropiación de la naturaleza y la noción de identidad colectiva, validada por el transfondo teológico.
De acuerdo a lo anterior podemos mencionar tres principios que inciden en la concepción de territorio:
- La tierra como herencia.
Génesis 1:29-31:
Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera
Todo es un regalo de Dios a la humanidad, somos herederos e una tierra perfecta, pero manchada.
- Principio de conservación de la tierra.
Génesis 2:15
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
En este versículo la palabra guardase viene del hebreo “shamar”, lo que significa amar, cuidar y sostener.
- Principio de Productividad (A. Rocha)
Génesis 1:22
Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.
Este principio es básicamente un llamado al crecimiento y a la multiplicación.
3-. Conclusiones
El deterioro del planeta, los cambios climáticos globales son solo consecuencia del egoísmo e indiferencia de acciones de una parte de la sociedad, quienes prefieren beneficios personales por sobre los colectivos. La perspectiva económica ha logrado penetrar en la conciencia de los hombres concibiendo modelos de vida irreales y sin proyección.
La Fe Cristiana – protestante y la sociedad secular presentan problemas similares en la internalización de las problemáticas ambientales. Esto tiene que ver con la comunicación de las problemáticas, debido a que si estas no son divulgadas y expuestas no se concibe como peligro.
Las bases teológicas bíblicas no son indiferentes a la problemática ambiental, por el contrario, es un interesado activo y promotor de un concepto llamado “Metanoia”, que quiere decir cambio de mente. Este cambio de mente proviene de una experiencia personal con Dios y esa experiencia modifica e impulsa cambios en las conductas y acciones.
La Religión Cristiana – protestante al igual que las ciencias sociales en las críticas que se le impugna, ha sido un mero espectador ante estas problemáticas ambientales y de las acciones imprudentes e inconcientes de la humanidad.
De acuerdo a lo anterior esto se debe a un factor desarrollado en la comunidad Cristiana contemporánea que esta afectando los movimientos de denuncia, caracterizados históricamente por sus férreas convicciones y gran sentido del deber, este factor se denomina “templismo” o vulgarmente llamado exceso de iglesia, encerrándose en la paredes de un templo y olvidando su carácter social e influenciador y sobre todo transmisor de valores.
Existe una abundante fuente bíblica y teológica para establecer que Dios ha dejado principios esenciales para concebir la tierra, la teología ambiental propuesta no hace más que aseverar lo anterior.
La propuesta teológica ambiental es más que una alternativa, es un manera de concebir la tierra, es un cambio de mente individual que en la medida influencie se transformará en un mover colectivo, que incidirá en las acciones y practicas a favor de un desarrollo sustentable.