Autor: Nigel Cameron and John Wyatt
Fecha: 20.08.2010
Category: Ciencia y Bioetica
Nota del editor: El presente Texto Previo para Ciudad del Cabo 2010 fue escrito por Nigel Cameron y John Wyatt como una reseña del tema a debatirse en la sesión Multiplex sobre “La ética, las tecnologías emergentes y el futuro humano”. Los comentarios a este texto realizados a través de la Conversación Global de Lausana serán remitidos al autor y a otras personas para ayudar a dar forma a su presentación final en el Congreso.
¿Qué significa ser un humano? El pensamiento tradicional siempre ha hecho una clara distinción entre seres “naturales”, derivados del orden natural, y los “artefactos”, producto de la inventiva y la fabricación humanas. Durante muchos siglos, la encarnación de nuestra naturaleza humana fue la última frontera del orden natural. Aunque los seres humanos podían modificar e instrumentalizar cada aspecto de su ambiente, no podían escapar a los “límites preestablecidos” de su condición humana.
Sin embargo, el veloz desarrollo de las tecnologías emergentes está a punto de crear un ataque nuevo y profundamente perturbador contra la identidad humana en el siglo 21. Este ataque va dirigido al corazón mismo de nuestra antropología: se centra en la relación fundamental entre nuestros artefactos y nuestra propia naturaleza, entre nuestras capacidades para manipular y nosotros mismos. Fue este reconocimiento lo que llevó a C.S. Lewis, allá durante los oscuros días de 1943, a escribir su ensayo profético sobre “La abolición del hombre”, quizá la declaración más aguda alguna vez realizada respecto de la más grande de las cuestiones que enfrentaremos en el siglo 21. La importancia fundamental de la creencia en cuanto a que somos creados a imagen de Dios es está a punto de ser puesta a prueba como nunca antes.
El punto de vista de Lewis era que mientras la tecnología parecía extender la capacidad humana para controlar y someter la naturaleza, “lo que llamamos el poder del hombre sobre la naturaleza resulta ser un poder ejercido por algunos hombres sobre otros hombres con la naturaleza como su instrumento”. No puede haber un “incremento del poder que favorezca al hombre. Cada nuevo poder adquirido por el hombre es también un poder sobre el hombre. Cada nuevo avance lo hace más débil al mismo tiempo que más fuerte. En cada victoria, además de ser el general triunfador victorioso es un prisionero que va detrás del carro triunfal. […] La naturaleza humana será la última parte de la naturaleza en someterse al hombre. Podremos […] de allí en adelante hacer de nuestra especie lo que queramos que sea. La batalla por cierto será ganada; ¿pero quién, exactamente, será el ganador? […] La conquista final por parte del hombre ha demostrado ser la abolición del hombre”.
En otras palabras, al apropiarnos del poder para determinar nuestro propio futuro, nos convertimos en criaturas diseñadas por nosotros, artefactos fabricados por nosotros mismos.
La dignidad humana y el “siglo biotecnológico”
La pregunta que enfrentamos es: ¿Qué haremos con los extraordinarios nuevos poderes de los cuales nos estamos apropiando? Los avances en genética humana, biotecnología, farmacología, neurociencia y nanomedicina elevan las esperanzas de cura de enfermedades terribles, incluidos desórdenes hereditarios, cáncer y condiciones degenerativas. Sin embargo, como advirtió C.S. Lewis, la promesa espectacular que ofrecen estas tecnologías, en parte motivada por el noble deseo de combatir las consecuencias destructivas de la enfermedad, siempre tiene un lado oscuro: la instrumentalización y manipulación de vidas humanas vulnerables.
Estamos en el proceso de adquirir un conocimiento sin paralelo del genoma humano. Se espera que este nuevo conocimiento conduzca a drogas con objetivos precisos y a nuevas y sofisticadas aplicaciones clínicas. Pero esta explosión del conocimiento genético también se aplica directamente a un nuevo y sofisticado medio para identificar y destruir en estado embrionario y fetal a seres humanos portadores de variaciones genéticas no deseadas. Esta forma de tratar con la enfermedad destruyendo a quienes la padecen ofende muchas más conciencias que sólo las de quienes se pronuncian “a favor de la vida”. Quizá no debería sorprendernos que en Alemania, donde no han olvidado lo que significa la eugenesia, la fertilización in vitro es absolutamente legal, pero los embriones deben ser implantados sin un control de calidad.
La tecnología reproductiva ha permitido a matrimonios superar el dolor de la infertilidad, pero también ha conducido a la creación deliberada de embriones humanos para investigaciones destructivas, y la creación de embriones clonados y aun híbridos humano-animales. Como advirtió Oliver O’Donovan, hemos reemplazado “el anticuado crimen del asesinato de bebés” por “el nuevo y sutil crimen de crear bebés ambiguamente humanos, de presentarnos a miembros de nuestra propia especie que son dudosamente adecuados objetos de compasión y amor”.
Existe una tendencia entre las personas religiosas que tienen una ética conservadora, a definir estos debates con expresiones “en favor de la vida” y, en el proceso, a pesar de sus intenciones, ayudar a los que están en el ámbito de la ciencia, los negocios y las políticas, que resisten el llamado a tener en cuenta los límites éticos en estas tecnologías. Al expresar su posición respecto del aborto como el asunto más importante a tratar, marginan inconscientemente su posición y dificultan el hacer causa común con fuerzas más amplias en la sociedad que quizá comparten muchas de sus preocupaciones: en relación con aspectos específicos de las tecnologías en cuestión, acerca de la necesidad inicial de que se establezcan límites, y respecto de la profunda importancia de estas cuestiones relacionadas con las políticas.
Pero cometemos un gran error si interpretamos el debate respecto del futuro humano como centrado principalmente en las cuestiones reproductivas y embrionarias, ya que los escenarios más desafiantes están por delante y en otros sitios. En el campo de la neurociencia, las tecnologías emergentes nos están permitiendo monitorear, controlar, manipular y mejorar nuestras funciones cerebrales. Cada vez se hace más posible manipular la percepción y la memoria, ya sea a través de la neurofarmacología (incluyendo la denominada “cosmética neurológica”) o de las prótesis cognitivas.
La meta de la tecnología no es únicamente comprender el mundo sino controlarlo, y la neurociencia ofrece potentes nuevas posibilidades para el control social. Tomemos todas las formas de conducta humana que amenazan nuestro futuro: violencia, conflictos interraciales, fanatismo religioso, adicciones y derroche egoísta de los recursos mundiales. Alguien podría decir que en el fondo todo esto se debe a un mal funcionamiento del cerebro humano. Si tan sólo supiéramos cómo prevenir este defecto en el proceso cognitivo, estaríamos en condiciones anunciar el comienzo de un nuevo amanecer de la armonía social y la paz global. Al hacer de nuestro propio funcionamiento humano un objeto de estudio científico –despersonalizándonos a nosotros mismos– esperamos llegar a autocontrolarnos, alcanzar el dominio de nosotros mismos.
Debido a que el denominado “fundamentalismo religioso” es considerado una importante fuente de conflicto social y político, no es sorprendente que una activa área de la investigación en neurociencia esté dirigida a los mecanismos cerebrales detrás de las creencias y experiencias religiosas, y al proceso cognitivo de formación de las creencias morales y la resolución de conflictos y dilemas de esa índole. No se necesita demasiada imaginación para darnos una idea de las posibilidades de manipulación y coerción que proporcionará este conocimiento. Al mismo tiempo, los avances en la tecnología de células madre y medicina regenerativa nos permiten mejorar nuestro funcionamiento y prolongar el período de vida del ser humano, y crear interfaces humano-mecánicas de un poder sin paralelos.
La ciencia genética y biológica socava la distinción tradicional entre la humanidad y el mundo animal. No somos más que una especie de primates entre muchas otras. Por otra parte, las tecnologías emergentes erosionan la distinción entre el ser humano y los artefactos. Somos meras máquinas hechas de carbono en lugar de silicio. ¿Cómo podemos preservar nuestra identidad humana singular y ayudar a crear un futuro genuinamente pro-humano frente a estos desafíos tecnológicos?
Como cristianos bíblicos, nuestro punto de partida siguen siendo los relatos de la creación en Génesis, donde leemos que los seres humanos fueron creados a imagen de Dios –con un mandato para gobernar la creación y administrarla para Dios– y el Nuevo Testamento, donde leemos que Jesucristo es Dios hecho carne: Dios mismo, quien tomó nuestra forma humana. De manera que los cristianos somos llamados a tratar al cuerpo humano, con su extraño e idiosincrático diseño, con especial respeto. Esta fue la manera en la cual Dios se hizo carne. No somos animales ni máquinas: somos seres humanos creados a imagen de Dios. Él tomó esa imagen para Sí mismo al unirse a nosotros como integrante de la especie homo sapiens. Al gobernar y administrar la creación –incluidas las extraordinarias posibilidades de la ciencia y la tecnología–, lo hacemos como seres humanos que deberemos rendir cuentas y ser responsables ante Él y como administradores de lo que Él creó.
La causa “pro-humana” se presenta como la cuestión más importante del siglo 21 frente al rápido desarrollo de las tecnologías emergentes y su oferta de poderes para fortalecer o debilitar nuestra condición humana en el nivel más profundo.
Preguntas claves planteadas por las tecnologías emergentes
Debemos tener en cuenta una serie de preguntas que se plantean al analizar las políticas relacionadas con estas tecnologías. Se cruzan entre sí pero ofrecen diferentes ángulos desde los cuales ver y analizar tanto las tecnologías como los aspectos legal y práctico de su aplicación. Un futuro al mismo tiempo pro-tecnológico y pro-humano depende de la respuesta a estas preguntas.
1. Comoditización. A medida que nuestros poderes se extiendan más allá de nuestro cuerpo y de los cuerpos de los demás, y que las tecnologías conduzcan a productos y procesos, las preguntas respecto de la propiedad intelectual ocuparán el lugar central. Un caso específico: En los Estados Unidos de Norteamérica surgió recientemente un debate sobre si podrían patentarse embriones humanos. El argumento de la industria de la biotecnología, a través de su grupo comercial BIO, fue que los embriones tratados con ingeniería genética eran sujetos apropiados para ser patentados. ¿Cómo podemos proteger a seres humanos vulnerables –los equivalentes modernos de las viudas, los huérfanos y los extranjeros– de las posibilidades manipuladoras de la tecnología?
2. Eugenesia. Está aumentando la presión para el uso de la fertilización in vitro con fines eugenésicos, no simplemente para eliminar embriones con enfermedades genéticas, sino también para seleccionar el sexo y otras características hereditarias “deseables” de nuestros futuros hijos. A su vez, dentro de la sociedad también encontramos presión a favor de diversas formas de discriminación genética, especialmente en los ámbitos del empleo y los seguros. En el pensamiento cristiano, la dignidad de un ser humano no reside en nuestra función ni en nuestro potencial biológico, sino en lo que somos, por creación. Tomando literalmente las palabras del Salmo 8, cada uno de nosotros es “casi como un dios” (Salmos 8:5, DHH). Nuestra dignidad humana es intrínseca a la manera en que fuimos hechos, a la manera en que Dios se acuerda de nosotros y nos llama. ¿Cómo podemos preservar y defender la perspectiva bíblica según la cual cada vida humana tiene un valor único e incalculable debido a la imagen de Dios que habita en nosotros?
3. “Mejoramiento”. Ya sea a través de la genética, la nanotecnología o la cibernética, es probable que veamos el desarrollo del mejoramiento humano, especialmente en el área cognitiva (al combinar seres humanos y máquinas a través de medios como la implantación de chips cerebrales de memoria, de habilidades o de comunicación). La lógica de tales desarrollos es de gran alcance, dado que, aunque comenzarían incrementándose progresivamente y por medio de dispositivos duales con genuinas aplicaciones médicas (por ejemplo, en víctimas de ACV), tendrían un efecto a largo plazo al combinar la inteligencia y la riqueza de un pequeño segmento de la sociedad, conduciendo quizá a un nuevo feudalismo en el cual todos los tipos de poder queden concentrados en manos de las personas “mejoradas”.
También deberíamos destacar el firme crecimiento del “transhumanismo”, una red de entusiastas de la ciencia ficción y pensadores extravagantes que buscan deliberadamente provocar cambios radicales en la naturaleza humana. Recientemente han comenzado a pasar de la periferia de la sociedad a los contextos dominantes, y están procurando instalar la idea del “mejoramiento” radical en los ámbitos académico y de fijación de políticas.
En contraste, podemos ver la resurrección de Cristo en la forma de un ser humano físico, como un voto de confianza de Dios en favor de la naturaleza humana creada. No se abandona, desprecia ni marginaliza el diseño original de los seres humanos sino que, por el contrario, se lo afirma y cumple. En Jesús, el segundo Adán, vemos a un ser humano perfecto –lo que el Adán original estaba destinado a ser– y vemos al pionero, el plano de diseño de una nueva clase de persona: aquella en cuya semejanza surgirá una nueva creación, las primicias de los que vendrán (1 Corintios 15:20). Dios afirma que para el resto del futuro Él sustentará, redimirá y transformará a la humanidad que hizo originalmente.
La resurrección es el irrevocable y definitivo “Sí” de Dios a la humanidad. Si tomamos seriamente las doctrinas bíblicas de la encarnación y la resurrección, quizá debamos concluir que la estructura física de nuestros cuerpos humanos es algo que no tenemos la libertad de alterar sin antes meditarlo cuidadosamente. ¿Cómo pueden las tecnologías emergentes, con su extraordinario poder, ser utilizadas no para manipular y destruir sino para ayudarnos a una mejor realización de nuestra condición humana?
Conclusión
Los grandes temas de la ética y las políticas que enfrentamos se centran en preguntas respecto de la dignidad humana y la importancia de la naturaleza humana. Los desarrollos en tecnologías emergentes están abriendo la puerta a un gran incremento de nuestro poder sobre la naturaleza humana en sí. Mientras que las políticas deben contemplar un amplio espectro de preguntas, la cuestión central en la agenda para el siglo 21 es la necesidad de construir un marco de políticas en el cual los principios éticos sean los que sienten las bases para nuestro uso de estos nuevos poderes. Paralelamente con las intervenciones legislativas y regulatorias en áreas específicas de la tecnología (por ejemplo, en relación con el mejoramiento cognitivo o las quimeras humano-animales), debe definirse el escenario de la propiedad intelectual para preservar a la naturaleza humana de la comodificación; además, la discriminación genética, de por sí la contrapartida de la eugenesia, debe ser amplia y profundamente prohibida. Un abordaje decidido de cada una de estas cuestiones nos permitirá dar la bienvenida a las tecnologías emergentes, con su extraordinaria capacidad para mejorar no la naturaleza humana sino nuestra capacidad para ser humanos, de modo de poder llevar a una mejor realización nuestra condición humana. Al mismo tiempo, como lo ha demostrado nuestra reciente experiencia con los alimentos genéticamente modificados, los científicos y las comunidades de negocios no están interesados en desarrollar tecnologías cargadas de controversias, con lo cual los que lideren el desarrollo de políticas tecnológicas pro-humanas encontrarán aliados en muchos ámbitos.
Por supuesto, cada aplicación de cada nueva tecnología se nos presentará como otro maravilloso beneficio para la humanidad, que hará nuestra vida mejor y más fácil. La pregunta inspirada en “Un mundo feliz” (Huxley) que siempre debe formularse es: “¿A qué costo?” El ensayo de Lewis sobre “La abolición del hombre” comienza con una poderosa cita de John Bunyan en El progreso del peregrino, con la cual concluiremos: “Lo comprendí clara y dolorosamente, que no importaba lo que dijera y cuánto me lisonjeara, cuando lograra llevarme a su casa me vendería como un esclavo”.
© The Lausanne Movement 2010
Español LGC_Translation
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Palabras clave: Ética, humana, humanidad, tecnología, tecnologías, identidad, artefactos, La abolición del hombre, imagen de Dios, futuro, dignidad, genética, embrión, neurociencia, cerebro, eugenesia, mejoramiento, transhumanismo, creación, resurrección
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Estados Unidos de Norteamérica
I suppose all of the emerging technologies can be seen as good or bad. If these technologies can be used to find cures for diseases and cure things like birth defects in children, it would be good. If it gets into the genetic modification, it is not a good thing. Where does good begin and then turn into evil? All the technology facing us is sometimes scary. Hopefully it can be used to bring glory to God and to help share the gospel around the world. In all of these issues, we must focus on God and work to keep others focused on God as well
07.12.2011
Estados Unidos de Norteamérica
An interesting outlook on emerging technologies. This paper emphasizes how humankind has and is continually trying to gain power over or humanness and our future.
19.09.2011
Estados Unidos de Norteamérica
As technological innovations continue to change the way our daily lives are lived, Cameron and Wyatt caution us that "the pivotal significance of the Christian belief that we are made in the image of God is about to be tested as never before." New technologies are leading us down a path where the lines between human and artifact. While these new discoveries and new applications will undoubtedly have the power to address some of the world’s greatest problems, they also will present new opportunities to degrade human dignity and intensify wealth and power stratification.
The close of the paper asserts that "the resurrection of Christ as a physical human being can be seen as God’s vote of confidence in the created human nature. . . . The resurrection is God’s final and irrevocable ’yes’ to humankind."
While Cameron and Wyatt have in their minds a vision of the future that evokes images of A Brave New World, The Matrix, and iRobot, their concerns are not fundamentally new. Each new epoch of innovation brings about new possibilities for the advancement of human society and stark warnings of the evils that may ensue. While it may be tempting to write off their questions as paranoid with perhaps a conspiratorial air, the authors’ centering of technological restraint based on the incarnation and resurrection, is key. God chose to enter the world as human, with all the limitations that entails, and succumbed to the eventual end of entropy - death and decay - that nearly all human technological innovation seeks to thwart.
In the resurrection, God did thwart death and decay. And Christ was raised human! It is true that the resurrected Christ was, somehow, different. His perfected humanness is not fully manifest in us yet. It is the Spirit, not technology, that is at work within us to change us "from glory to glory." That is not a blanket condemnation of new technology or subsequent applications. But it is an exhortation to remember that no technology will save the world or alleviate all suffering. Christ has already done that. Our call is to subordinate the fidelity of technology to the work He’s already (and, paradoxically not yet) done.
Well done, gentlemen. Well done.
16.10.2010
Nueva Zelanda
Emerging tech goes far beyond and is wrapped deep within the concept of humanity.
Our digital identity and biological reality often become the focus of quantum considerations. As we address the problems of the minutiae of fragmentation let us not turn our eyes from the macro of God’s creation. We were not created to be, nor redeemed through Christ for, fragmentation but rather for the resurrection of the body into eternal life.
Any threat to our inherent created special position and degrading of humanity to biological, neurological or technological details has to be challenged by the incarnational power of God-in-Flesh: redeeming and elevating humanity in eschatalogically informed hope.
The article is really helpful in beginning to challenge our thinking about the cost and the benefit of technological advance.
Just because it is possible does not mean it is necessary - indeed sometimes possibility must be constrained by truth and ethics and even theology.
12.10.2010
Italia
I found the paper very interesting.
I think that that you are right that the new genetic technologies can drive us toward a kind of abolition of man.
The scriptural basis of your reflections are solid.
I think that we can use some ideas of some secular thinker like Michel Foucault. He talked of biological power and I think that sometimes we are close to this idea. The governance of biological technological can conduct to a new biological power on our bodies and the individual, in this new form of power can lose his humanities and also the control of his body.
08.10.2010
Países Bajos
Interesting and scary in a way. To see that what C.S. Lewis wrote about is happening today. An interesting read, connected to this subject and C.S. Lewis would be: ’Real Presence’ - the Glory of Christ with us and within us, by Leanne Payne, Baker Book House, ISBN 0-8010-5172-X
05.10.2010
Francia
I am not so convinced by the opposition between nature and technology in the introduction: I think the postulate should be nuanced (although it is partly done in the core of the paper).
A dialogue with epistemology could be interesting to connect technology, ethics, science and knowledge. Some elements could help us to see the very difficulty of the christian position towards technological progress: The prolegomena of science that are the base of technological development have kicked out the possible foundation of knowledge in a preexistent God. In other words, there is something deeply human at work here: sinful pride in the use of our capacities, yet still (common grace) incredible opportunities for progress.
I do agree with the author’s emphasis on the necessity for christian to be present in discussions on technology, and not to step out immediately because of pro-life premices. Technology is always ambiguous, because it is structuraly (like all parts of our humanity) sinful: and we are, or will be, or can not always avoid to be participants, beneficiaries and in complicity with its sin. We still are to remain humbly but firmly prophetic voices that warn and address the sin there as in other issues (justice, prejudices etc)
05.10.2010
Australia
Thanks guys--lots of food for thought. I’m looking forward to the multiplex! Presently I’m reading through C. S. Lewis’s space trilogy, in particular "That Hideous Strength." The Abolition of Man takes on flesh in frightening form as NICE (the national institute for co-ordinated experiments) hits full stride with modifications to humanity.
But I wonder in this if we fall foul of Neil Postman’s critique in Technopoly that by so emphasizing the problems with technology as prophets, that are dismissed by the populace who perhaps can only see (like techno-priests) the way technology has mediated blessings to the world.
I think you hit the nail on the head with this framing question: "How can emerging technologies with their extraordinary power be used not to manipulate and destroy but to better fulfill our humanness?"
Our church recently ran a forum--"Unplugged: Imaging God in a High Tech World" (see http://www.kbc.org.au/media/message-logos-unplugged/)--precisely on this question. Do our devices amplify or suppress a desire for the Kingdom. Does our use of technology magnify or mutilate the image of God in me?
I agree with one other response on this forum, asking to broaden the topic out beyond medical technology. What about the impact of multiplayer games, t.v., mobile phones, etc. ... how are we shaped by the media we use?
Does our use of technology lead to
Humility or Pride; Transformation or Information; Connection or Fragmentation; Serving or Self-Serving; Freedom or Addiction; Cultivating or Consuming.
This relates directly to evangelism, as Christ sends us not as a twitter from heaven or a detached word-file, but as a broken medium of flesh and blood. Our lives and community are the medium that either establishes or invalidates our message of the Kingdom of God. We definitely need wisdom as we soul search why our technology consumption and patterns are virtually identical to the surrounding world.
God bless as you tackle such a pressing but difficult and diverse topic :)
Adjuntos descargables
28.09.2010
Estados Unidos de Norteamérica
Thank you Nigel and John for your thought-provoking paper.
Moving to the question of "What then shall we do?", the answer you propose appears to be that Christians should discern the issues and hold fast to the dignity of human life as verified in the life and resurrection of Jesus Christ. The Christian voices of orthodoxy iwould presumably shape public policy in the face of dehumanizing technology. This is where we need to carefully discern what you are proposing regarding the shaping of public policy.
I live in Colorado Springs, CO, the presumed "Mecca" of the expression of evangelicalism in the United States. In the minds of some Christians within the wider Church, the vocal attempts of several ministries to influence public policy have paradoxically increased the divide between the perceived secular and sacred and decreased the influence of the voice of the Church. It would be helpful to hear how an ethical influence in public policy is best presented by the church in a secular, pluralistic, and sometimes dehumanizing public arena. An inclusion of more "therefore..." would greatly help many of us.
Respectfully yours,
Sara Singleton
26.09.2010
Sri Lanka
Thank you Nigel and John.
The first example of man’s desire to manipulate genetics is found in Jacob’s attempt to increase the flock with spots and speckles as found in Genesis 30:32-43. Though he did not have the knowledge and the technology we posses today he still pursued a course of action he thought would make the flock appear the way which was beneficiary to him. Jacob could be named the father of genetic engineering though his concepts were wrong scientifically. He had the vision. He believed in the possibility of interfering with nature to manipulate the outward appearance of animals. God did not need Jacobs help to do what Jacob wanted done. What is startling here is that God simply let it happen the way Jacob wanted it. But Jacob would have imagined himself a wise man interfering in the natural process of genetic selection.
Today we know a little better than Jacob. But our knowledge of God is not as much. God was not ashamed to call Himself the God of Jacob. We are so full of ourselves that we forget to fear God and thus misuse the scientific and technological capabilities. “The fear of God is the beginning of wisdom” Pro.1:7 . Christian believers must use all what modern technology has to offer in the fear of God. It has been the choice they all ways had to make in every generation. We are no different.
07.09.2010
Sudáfrica
A fictional concept that captures the same sentiment as the C.S. Lewis excerpts you quote is the "ring of power" in the "Lord of the Rings" by J.R.R. Tolkien. (Lewis and Tolkien were close friends.) When Gandalf is offered the ring he replies, “With that power, I should have power too great and terrible. And over me the Ring would gain a power still greater and more deadly... the way of the ring to my heart is by pity, pity for weakness and the desire of strength to do good... The wish to wield it would be too great for my strength.”
Emerging technologies are providing humanity with a power both too great and terrible, too wonderful and waylaying. Or as you argue from the words of C.S Lewis, that here can be no increase in power on humanity’s side since each new power won by humanity is a power over humanity as well (each advance leaves us weaker as well as stronger). This biblical truth about sinful human is narrated in fantasy (Tolkien) and philosophy (Lewis). Since the final conquest is our own abolition, we require saving from our own humanity and a reference external to ourselves.
01.09.2010
Singapur
This multiplex sesssion could include other ethical issues and emerging technologies, not only bioethical issues and medical technologies. What are the ethical concerns for other emerging technologies which could significantly affect our human future? Technologies such as mobile computing, social networking, genetically modified food, robotics, etc. Besides addressing the challenges of emerging technologies, the discussion should highlight the opportunities to employ new technologies for ministry.
26.08.2010
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