El corazón de Dios anhela que todas las personas tengan acceso al conocimiento del amor de Dios y de su obra de salvación a través de Jesucristo. Reconocemos con dolor y vergüenza que hay miles de pueblos en todo el mundo para quienes este acceso aún no ha sido puesto a su disposición a través del testimonio cristiano. Estos son pueblos no alcanzados, en el sentido de que no hay creyentes conocidos y no hay iglesias entre ellos. Muchos de estos pueblos son también no contactados en el sentido que actualmente no conocemos ninguna iglesia ni agencia que esté siquiera intentando compartir el evangelio con ellos. Por cierto, sólo un minúsculo porcentaje de los recursos de la Iglesia (humanos y materiales) está siendo dirigido a los pueblos menos alcanzados. Por definición, estos son pueblos que no nos invitarán a llevarles las buenas noticias, ya que no saben nada al respecto. Sin embargo, su presencia entre nosotros, en nuestro mundo, 2000 años luego de que Jesús nos ordenara hacer discípulos a todas las naciones, constituye no sólo un reproche a nuestra desobediencia, no sólo una forma de injusticia espiritual, sino también un silencioso “llamado macedónico”.
Levantémonos como la Iglesia de todo el mundo para encarar este desafío y:
A) Arrepintámonos de nuestra ceguera a la presencia continuada de tantos pueblos no alcanzados en nuestro mundo y nuestra falta de urgencia para compartir el evangelio entre ellos.
B) Renovemos nuestro compromiso de ir a quienes aún no han oído el evangelio, de involucrarnos profundamente con su idioma y cultura, de vivir el evangelio entre ellos con un amor encarnado y un servicio sacrificado, y de comunicar la luz y la verdad del Señor Jesucristo en palabra y acción, despertándolos a través del poder del Espíritu Santo a la sorprendente gracia de Dios.
C) Apuntemos a erradicar la “pobreza bíblica” en el mundo, porque la Biblia sigue siendo indispensable para la evangelización. Para hacer esto debemos:
D) Apuntemos a erradicar la ignorancia de la Biblia en la Iglesia, porque la Biblia sigue siendo indispensable para discipular a los creyentes a la imagen de Cristo.
E) Mantengamos la evangelización en el centro del campo plenamente integrado de toda nuestra misión, dado que el evangelio mismo es la fuente, el contenido y la autoridad de toda misión bíblicamente válida. Todo lo que hacemos deberá ser tanto una encarnación como una declaración del amor y la gracia de Dios, y de su obra de salvación a través de Jesucristo.
From the Cape Town Commitment - Part 2, Section IID, 1




















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