
La diversidad étnica es el don y el plan de Dios en la creación. Ha sido arruinada por el pecado y el orgullo humanos, que han producido confusión, confrontación, violencia y guerras entre naciones. Sin embargo, la diversidad étnica será preservada en la nueva creación, cuando personas de cada nación, tribu, pueblo y lengua se reunirán como el pueblo redimido de Dios. Confesamos que a menudo no tomamos en serio la diversidad étnica ni la valoramos como lo hace la Biblia, en la creación y la redención. No respetamos la identidad étnica de los demás y no tomamos en cuenta las profundas heridas que causa esta falta de respeto a largo plazo.
A) Instamos a los pastores y líderes de iglesias a enseñar la verdad bíblica acerca de la diversidad étnica. Debemos afirmar positivamente la identidad étnica de todos los miembros de la iglesia. Pero debemos mostrar también cómo nuestras lealtades étnicas están viciadas por el pecado, y enseñar a los creyentes que todas nuestras identidades étnicas están subordinadas a nuestra identidad redimida como la nueva humanidad en Cristo a través de la cruz.
Reconocemos con dolor y vergüenza la complicidad de los cristianos en algunos de los contextos más destructivos de violencia y opresión étnicas, y el lamentable silencio de grandes partes de la Iglesia cuando ocurren este tipo de conflictos. Estos contextos incluyen la historia y el legado del racismo y la esclavitud negra, el holocausto contra los judíos, el apartheid, las “limpiezas étnicas”, la violencia sectaria entre cristianos, la aniquilación de poblaciones indígenas, la violencia interreligiosa, política y étnica, el sufrimiento de los palestinos, la opresión de las castas y el genocidio tribal. Los cristianos que, por su acción o inacción, agravan la condición rota del mundo, socavan seriamente nuestro testimonio del evangelio de la paz. Por lo tanto:
B) Por el bien del evangelio, hacemos lamentación y llamamos al arrepentimiento allí donde los cristianos han participado en la violencia, injusticia u opresión étnicas. También llamamos al arrepentimiento por las muchas veces que los cristianos han sido cómplices en estos males con el silencio, con la apatía o la supuesta neutralidad, o brindando una justificación teológica defectuosa para tales actitudes.
Si el evangelio no está profundamente arraigado en el contexto, desafiando y transformando las cosmovisiones subyacentes y los sistemas de injusticia, entonces, cuando llega el día malo, la lealtad cristiana es descartada como un manto indeseado y las personas revierten a lealtades y acciones no regeneradas. La evangelización sin discipulado, o el avivamiento sin una obediencia radical a los mandamientos de Cristo, no son sólo deficientes; son peligrosos.
Anhelamos el día en que la Iglesia sea el modelo de reconciliación étnica más brillante en el mundo y su defensor más activo en la resolución de conflictos.
D) Adoptar el estilo de vida de la reconciliación. En términos prácticos, esto se demuestra cuando los cristianos:
E) Ser faros y portadores de esperanza. Damos testimonio de Dios, que estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. Es exclusivamente en el nombre de Cristo, y en la victoria de su cruz y su resurrección, que tenemos autoridad para confrontar los poderes demoníacos del mal que agravan los conflictos humanos, y tenemos poder para ministrar su amor y paz reconciliadores.



















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