
La gente se está desplazando como nunca antes. La migración es una de las grandes realidades globales de nuestra era. Se estima que 200 millones de personas viven fuera de sus países de origen, voluntaria o involuntariamente. El término “diáspora” se usa aquí para indicar a personas que se han reubicado, dejando su tierra de nacimiento por la razón que sea. Grandes cantidades de personas de muchos trasfondos religiosos, incluyendo cristianos, viven en condiciones de diáspora: migrantes económicos que buscan trabajo, pueblos desplazados internamente por guerras o desastres naturales, refugiados y personas que buscan asilo, víctimas de limpiezas étnicas, gente que huye de la violencia y la persecución religiosa, personas que sufren hambre (ya sea causado por sequías, inundaciones o guerras) y víctimas de la pobreza rural que se desplazan a las ciudades. Estamos convencidos de que las migraciones contemporáneas están dentro del soberano propósito misional de Dios, sin ignorar el mal y el sufrimiento que pueden implicar.
A) Alentamos a los líderes de la Iglesia y de misiones a reconocer y responder a las oportunidades misionales presentadas por la migración global y las comunidades de la diáspora, tanto en la planificación estratégica como en la capacitación focalizada y la provisión de recursos para las personas llamadas a trabajar entre estos grupos.
B) Alentamos a los cristianos en las naciones anfitrionas que tienen comunidades inmigrantes de otros trasfondos religiosos a dar un testimonio transcultural del amor de Cristo en acción y palabra, obedeciendo los numerosos mandatos bíblicos de amar al desconocido, defender la causa del extranjero, visitar al prisionero, practicar la hospitalidad, forjar amistades, invitar a personas a nuestros hogares y brindar ayuda y servicios.
C) Alentamos a los cristianos que forman parte de comunidades de la diáspora a discernir la mano de Dios, aun en circunstancias que pueden no haber escogido, y a buscar toda oportunidad que Dios brinde para dar testimonio de Cristo en su comunidad anfitriona y buscar su bienestar. Cuando en ese país anfitrión haya iglesias cristianas, instamos a las iglesias inmigrantes y autóctonas a escucharse mutuamente y aprender unas de otras, y a iniciar esfuerzos cooperativos para alcanzar a todos los sectores de su país con el evangelio.
From the Cape Town Commitment - Part 2, Section IIC, 5




















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